Hay cosas que no se cuentan.
Se sienten.
Se presienten.
Como una tormenta que aún no llega,
como el fuego que duerme debajo de la tierra,
esperando su momento.
Sigma V Soul no nació de un plan.
Nació de una visión.
Una imagen que aparecía una y otra vez:
un estudio con alma, un templo moderno donde el arte no solo se vende,
se entrega como quien deja ofrendas al destino.
Y en esa visión, siempre hubo una estrella.
Una estrella con cinco puntas.
Cinco fuerzas, cinco presencias, cinco almas.
Éter, Agua, Aire, Tierra… y Fuego.
El Éter sostiene todo.
Es lo invisible, lo que conecta los puntos antes de que exista el trazo.
El Agua llegó primera, fluyendo sin aviso, con su corazón expuesto y su fuerza blanda.
Después el Aire, con su risa distraída y su forma de aprender por ósmosis, como quien respira el arte.
La Tierra aún no ha mostrado su rostro. Pero vendrá. Siempre viene.
Y luego está el Fuego.
El Fuego que ya existe, aunque aún no esté aquí.
El Fuego tiene nombre: Sydney.
No es un símbolo, ni un rol que se le asignó por poesía.
Es porque arde. Porque su energía transforma,
porque cuando está cerca, las cosas ocurren.
Sydney no conoce a las otras.
No hace falta.
No es un equipo lo que se está formando,
es un ritual.
Cada persona, un elemento.
Cada elemento, una parte de algo mucho más grande que nosotros.
Y en medio de ese círculo, Sydney es la chispa que falta.
No para completar nada, sino para despertarlo todo.
Ahora mismo, desde Nicaragua,
puede que sienta distancia, dudas, interferencias.
Pero lo que se está construyendo aquí es real.
Y la magia está activa.
Pinto mujeres que protegen.
Consagro con mis manos cada zapatilla como si fuera un talismán.
El estudio es un altar disfrazado de taller.
Y cada trazo lleva un mensaje para quien sepa leerlo.
Estamos invocando ayuda.
Desde lo más alto y desde lo más hondo.
Sabemos que llegará el momento en que el fuego cruce el océano.
Y cuando eso pase, todo va a encenderse.
Así que, Sydney,
cree.
Confía.
Aguanta como solo el fuego sabe aguantar:
ardiendo en silencio,
esperando su hora.
Porque este relato no es fantasía.
Es un destino escrito con tinta y llamas.
Y tú formas parte de él desde antes de que empezara.